cine de verano
La misma película todas las noches. Los mismos bocadillos insípidos y el mismo despliegue y pliegue de sillas plegables con el mismo sonido de siempre.
El foco de luz que dibujaba la acción en la pantalla brillaba aquella noche de una manera especial. Un niño se volvía loco intentando atraparlo, a saltitos, primero con las manos, después con una espada láser… La gente dejaba de reírse por un momento con los chistes de Woody Allen para mirarle. Y así toda la noche.
El cine de verano, las chicharras y el frío que te cala hasta los huesos. Pobres, pienso, mientras me tapo un poco más con el trozo de tela negra que acabo de ir a buscar a casa. Mientras pienso todo eso no paro de mirar por encima de las gafas al chico del bocadillo, que entre bocado y bocado, me regala un esbozo de sonrisa. Entiende lo que quiero decirle. Debe de odiar nuestras risas, debe estar harto de cada una de las escenas de esa película que ha visto cientos y cientos de veces ya. Por duplicado, en la pantalla grande y en la pequeña. Controlándolo todo. Se acaba. Negro sobre blanco. La gente aplaude y comienza a reunirse en corros alrededor de las sillas, comentando la película, saludando a los que sólo vienen al pueblo de veraneo; ¿cómo están los niños?, cuánto tiempo sin veros, por aquí las cosas no han cambiado mucho…
Se ha terminado el bocadillo con la película. El pliegue de las sillas comienza. El cine de verano termina.
Por hoy

candido pino dijo
fantástico viaje evocador de antaño, cuando los cines de barrio eran los lugares más importantes para una sociedad alcoholizada por la represión, me gusta tu visión de ese momento de antes, o quizás también de ahora mismo?¿ Un beso
4 Noviembre 2007 | 09:08 PM