Era un café marrón. De Buenos Aires. Él la miraba desde la otra punta. Su mirada quemaba más la garganta que el mate que bebÃan. Las baldosas del suelo, mojadas, hacÃan resbalar las notas del acordeón, que se deslizaban entre su pelo y volvÃan, haciendo espirales hasta llegar a las manos de ella… Asà pasaban los minutos, las horas.
Se preguntaba cuál serÃa su nombre, cuál el número de su portal, cuál el de su pie. Se preguntaba si tendrÃa cosquillas detrás de las orejas o cómo olerÃa su champú… Pero nunca se atrevÃa a preguntar. Y AsÃ, seguÃan pasando los minutos, las horas, en aquel café marrón, de Buenos Aires.

cándido dijo
Vaya. El miedo a decir lo que se piensa del otro. O el no atreverse a acercarse a un desconocido. Precioso. Yo soy de esos, de los que observan aunque me estoy curando. Bicos!!!
16 Diciembre 2007 | 02:24 PM